Yo era el típico “niño moco”: temporadas enteras con mucosidad, piel reactiva y poca energía. El punto de inflexión fue cuando, al salir de la ducha, me picaba la piel durante minutos como si me hubiera peleado con un cactus.
Empecé por lo básico (comida menos procesada, hábitos sostenibles) y después exploré limpiezas más profundas. A día de hoy he realizado el protocolo unas 10 veces y aprendí algo clave: lo que más funciona es lo que puedes mantener.